martes, 29 de enero de 2008

Frase del día 24 de enero de 2008


Si la libertad significa algo, será, sobre todo, el derecho a decirle a la gente aquello que no quiere oír.


George Orwell

1903-1950. Escritor británico. Me sorprendieron profundamente las imágenes en las que un grupo de viejas fascistas acorralaba a Pedro Zerolo, concejal socialista de Madrid, en un acto de repulsa de un atentado y le llamaban maricón.

Estas ancianas no es que sean unas maleducadas, que también, es que son unas antiguas. Insultar a alguien usando como venablo su condición sexual es algo que el lenguaje, el paso del tiempo y el cambio de las costumbres van arrumbando poco a poco hacia el desván de los trastos viejos.

Llamarle maricón a un señor al que le gustan los otros señores viene a ser lo mismo que llamarle burro a un asno o fascistas a una de esas viejas gritonas, una redundancia sin ingenio, todo lo más una descripción, porque todo el mundo sabe que eso es así, todo el mundo lo ve. ¿Dónde está el insulto? ¿En la intención de ofender? Sin duda, pero esa intención debería ir acompañada, para que el insulto sea eficaz, de un cierto contacto con la realidad.

A esas viejas peperas que se metían con Zerolo no se les pasaría por la cabeza, supongo, increpar a un señor nacido en Murcia llamándole a gritos “murciano”, que era sin embargo una gran ofensa en tiempos de Felipe II, cuando se dictaban leyes contra “vagamundos, gitanos, murcianos y otras gentes de mal vivir”. Ni llamarían judío a Barenboim, ni usarían el exótico insulto de “hijo del duque de Alba”, muy popular hace siglos en Holanda contra los españoles.

Judío, murciano o maricón son insultos anacrónicos, que no tienen carga ofensiva al perder su contexto. Lo mismo que jesuita, que era hace un siglo sinónimo de astuto, mentiroso y sibilino.

Solo usan esa clase insultos las personas que para su desgracia viven en otro siglo, los que se han quedado en el siglo XVI, los años 30 o el franquismo, que para el caso todo viene a ser uno y lo mismo. Y lo esperable y deseable es que el desarrollo mental de las personas y los tiempos sea suficiente como para que si alguien se encuentra por la calle o en su trabajo a un homosexual tengan calatre bastante para no llamarle maricón…