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lunes, 6 de octubre de 2008

Frase del día 6 de octubre de 2008


Entia non sunt multiplicanda praeter necessitatem (No ha de presumirse la existencia de más cosas que las absolutamente necesarias)

Guillermo de Occam
1288-1349. Filósofo escolástico inglés. Este es el enunciado conocido como la navaja de Occam o principio de economía o de parsimonia, y que en resumen viene a decir que en igual de condiciones la solución más sencilla es probablemente la correcta.

En otras palabras es una apología de la simplicidad. Si algún ser querido se retrasa un poco enseguida pensamos que le ha ocurrido un accidente, y que ocurra ese accidente es menos probable que simplemente haya pillado tráfico. Lo mismo si nos cruzamos en una calle oscura con un personaje mal encarado es más probable que sea otro viandante como nosotros que un atracador, hay menos delincuentes que gente paseando por lo que la ley de de Occam nos diría que la respuesta más simple es probablemente la correcta, pero no lo asegura, porque sin duda hay rateros y alguno nos puede tocar alguna noche.

No complicarse es la moraleja de esta ley, ante un problema o enigma elimina todo lo imposible y lo que quede, por improbable que parezca es la solución, esto se lo hizo decir a Conan Doyle a Sherlock Holmes, o a menudo es cierto…

miércoles, 26 de diciembre de 2007

Frase del día 26 de diciembre de 2007


La mayoría de los hombres, que no saben qué hacer con su vida, quieren otra que no acabe.


Anatole France

1844-1924. Escritor francés, premio Nobel en 1921. Un de los deseos más primigenios, y sin duda el más insensato, del ser humano es de la inmortalidad. Quizás se unen el miedo a la muerte, con todos sus arcanos y misterios y el anhelo de perdurar.

El paso del tiempo nos conmueve, no por el gasto de vida que conlleva, sino por el afan de que ese tiempo esté bien aprovechado, de que realmente esté siriviendo para algo.

Quizás sea darle demasiada transcendencia a nuestro paso por el mundo, pero no queremos irnos sin al menos haber dejado una huella. Ahí quizás se encierra el deseo de reproducirse más que en el instinto de conservación de la especie, que mi pesimismo antropológica me indica que es más que dudoso, y que los demás nos importan un ardite.

Y lo más triste es que vamos a conseguir que nuestro paso sea imborrable, que la huella que dejamos no sólo sea indeleble y perdurable, sino también catastrófica. Menudo mundo dejamos en herencia, seremos recordados, pero sin duda no como quisiéramos…