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lunes, 14 de septiembre de 2009




Oderint dum metuant…


Cayo Julio César Augusto Germánico (Calígula) 12-41 D.C. Emperador romano. Despertar el temor entre los demás, ser amenzante, quizás es a menudo más útil que intentar ser querido. El afecto, el cariño, incluso el respeto cuesta mucho ganarlos, empero se pueden perder con un simple error en un mal día.

Lo normal es que nadie albergue los sentimientos de Calígula expresados en su frase (que me odien, mientras que me teman), pero las energías que gastamos en caer bien a los demás, en conseguir su afecto, es sin duda un derroche difícil de justificar.

Tomando por ejemplo al señor que nos gobierna en la actualidad, quizás debería ocuparse un poco, solo un poco en despertar temor, le acusan de ser el furor en persona y solo parece un pobre hombre obsesionado por agradar a todo el mundo.

Le reprochan, sobre todo las mujeres, que no sacara el genio con ese majadero que preside Italia, pero si no sabe, no puede, no le nace. Es un templagaitas que evita el enfrentamiento por sistema, con lo sano que es soltar de vez en cuando un coño en alta voz.

Empero, le ven mascuyando, que no cantando, la Internacional, rodeado de esas zotes a las que hace ministras con un tímido puño en alto, el periódico del corpiños recurre al becario con photoshop avanzado y ya está montada la leyenda de Zapatero el amenazante, el rojo, el tirano, hasta Nerón le llamó un obispo, de esos porcinos.

Ay ZP, ZP, si de una puñetera vez te importara más que te temieran o respetaran a que te quisieran, otro gallo nos cantaría, o quizás el mismo, pero con unos cuantos majaderos de la caverna aprentando el esfínter, para variar…

jueves, 4 de octubre de 2007

Frase/pensamiento/divagación del 3 de octubre de 2007

Pero sólo yo podía medir cuánta acritud fermenta en lo hondo de la dulzura, qué desesperanza se oculta en la abnegación, cuánto odio se mezcla con el amor… Un niño, temeroso de perderlo todo, había hallado el medio de atarme a él para siempre.

Memorias de Adriano
Marguerite Yourcenar, escritora belga 1903-1987).


Este fragmento de uno de mis libros favoritos describe el momento más triste de la vida de un hombre que lo tenía todo.

Cuenta la leyenda que el emperador romano Adriano, como buen andaluz, era muy supersticioso, y que estando de viaje en Egipto consultó al oráculo de Amón en Shiva, que le predijo una gran desgracia sino sacrificaba lo más valioso que poseyera. Le acompañaba su joven amante, el bello Antinoo, que entendió que él era lo más valioso que el emperador tenía, así que se sacrificó por amor y se arrojó a las aguas del Nilo.

Es una leyenda, pero me parece hermosa y siempre que la leo magistralmente narrada por Yourcenar no puedo reprimir la emoción. Pone en boca del emperador romano el lamento por la muerte de su bello y joven amante. Que poco le demostré mi amor sino sabía que la peor desgracia que podía ocurrirme era perderle a él…