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miércoles, 18 de febrero de 2009


La muerte de Séneca. Pedro Pablo Rubens
Alte Pinakothek, Munich


Nullius boni sine socio iucunda possessio est…

La posesión de un bien, si no es compartida, no causa gozo…


Lucio Anneo Séneca.4 AC-65 DC. Filósofo y político romano. El escándalo que produce el despilfarro de un mundo rico, que vive rodeado de la más negra miseria, no es comparable con nada.

Quizás nuestro planeta esté superpoblado y tenga complicada su supervivencia al actual nivel de crecimiento demográfico, sobre todo con los comportamientos necios de las naciones que más problemas tienen como India o China. En estos países deberían incentivar e incluso premiar a aquellos de sus ciudadanos que no aumenten la población, sin embargo persiguen y castigan a los homosexuales, cuando deberían levantarles estatuas en agradecimiento.

Pero dejando aparte este grave problema, es intolerable la acumulación de riquezas y que la obscena ostentación de los listados Forbes se contraponga con la más radical de las miserias. Repartir lo que haya y mientras lo haya será lo único que salve, de momento, el futuro. Porque llegará algún día en que los de siempre se nieguen a morir a golpe de cayuco y apunten a yates/palacios.

Lo que Séneca no concebía seguimos sin entenderlo. Cómo se puede ser feliz amasando oropeles y tus afueras se pudren de hambre y miseria. Si los mil hombres y mujeres más ricos del mundo dejaran de serlo solo habría mil personas infelices, haced cuentas…

miércoles, 19 de diciembre de 2007

Frase del día 19 de diciembre de 2007


Lo mejor que podemos hacer por otro no es sólo compartir con él nuestras riquezas, sino mostrarle las suyas.


Benjamin Disraeli

1766-1848. Estadista ingles. Hay alguna forma mejor de ayudar a los demás que dándoles dinero, sobre todo cuando es calderilla que nos sobra y nos molesta en los bolsillos. Soy contrario a la caridad, creo que no sirve al que la recibe solo al que la da y es un concepto tan cristiano, en lo peyorativo, que me provoca la náusea.

Cuanta miseria hay en Roma, más que en Madrid, incluso en la puerta de esas ostentosas iglesias de delirio barroco se ha establecido una franquicia de pedigüeñas, supuestas ancianas, con la faz tapada, temblorosas, que alargaban su mano para pedir en un escorzo imposible. Hasta en lo monocorde de su letanía mendicante se notaba la impostura.

Pero como mostrar lo que tiene al que nada posee, salvo su ingenio para la trápala y el engaño. Ante ese frío inusual de las noches romanas, que pronto anochecía, me conmovía el que pernoctaba al raso, iluminado por las luces de vanidad y despilfarro de las tiendas de la Vía Corso. Seguro que el mundo es capaz de repartir mejor, por eso sé que no hay dios, y si lo hay, como afirmaba Plinio, le importa un ardite lo que acontece a los humanos…